4 libros increíbles que leí en 2017

Aunque ya tenemos dos meses completos recorridos en este 2018, hoy estaba echándole un ojo a mi librero y descubrí con orgullo que he logrado cumplir la meta que me propuse hace unos años de hacer lecturas de autores contemporáneos, de preferencia, obras recién publicadas.

Todo comenzó en la primavera de 2016, cuando leí un artículo con el explosivo título: “El boom latinoamericano fue una mafia: Alberto Fuguet”, que me llevó a leer su novela Sudor, que no solamente me contó en parodia una visión de Carlos Fuentes y su hijo, sino que me introdujo a una propuesta de literatura renovada y fresca, descarada y pop-rockera que me llevó a contactar al escritor chileno por mi propia iniciativa. Mi entusiasmo halló eco en el propio Fuguet y me permitió entrevistarlo sobre los temas tan controversiales que trabaja con maestría en su novela.

Aquí puedes leer mi entrevista a Alberto Fuguet publicada en la sección cultural del Excélsior, gracias a los contactos de Tomás Hidalgo, Marco Gonsen y el mismísimo Víctor Torres.

Ese mismo año leí una novela de Santiago Roncagliolo, el multigalardonado escritor peruano, Pudor, una pequeña novela publicada varios años atrás, que me ayudó a darme cuenta de que eso de poner a toda una familia como protagonista de una novela, aunque ésta resulte de una extensión moderada, no pierde vigencia.

Al final de 2017, en la 30 FIL de Guadalajara pude verlos a ambos y recopilé sus autógrafos.

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2017

El año pasado fue lleno de dificultades económicas, pero aun así me di la maña de asistir a talleres y frecuentar a gente de letras. Sus recomendaciones literarias marcaron mi camino de lecturas y aquí les comparto mis 5 favoritas. Un par de ellas no fueron publicadas este año, pero valió la pena descubrirlas, aún con un pequeño sesgo:

Retornamos como sombras
Paco Ignacio Taibo II

En una de sus apasionantes conferencias, le preguntaron al propio Paco Taibo cuál era su favorita entre las novelas de su autoría. Contestó que en una ocasión esperando un vuelo en Europa no tenía nada que leer más que un ejemplar de esta obra. Dice que comenzó a leerla y le gustó. “Es un novelón. ¿Quién ya la leyó? ¿Tú ya? ¿Verdad que es un novelón?” La conseguí y eso de “novelón” se quedó corto: es una narración grandiosa, formidable, de aventuras al mismo tiempo que policiaca y con toques de fantasía. La trama: México en días de la Segunda Guerra Mundial: se ha detectado actividad de un grupo de soldados y agentes nazis estableciendo una secta secreta en la selva chiapaneca y haciendo algunos desmanes en las oficinas gubernamentales de la Ciudad de México. La historia se cuenta desde tres frentes: la de sus tres protagonistas: un periodista, un veterano de la revolución y un peculiar personaje mezcla de Rambo, Drácula y Calzóntzin.

El monstruo pentápodo
Liliana Blum

Fue una magnífica recomendación de Martín Solares, que resumió el argumento así: En una escuela de natación, las madres de los niños se dan cuenta de que Raymundo, un hombre que está ahí siempre viendo la piscina no está con ningún niño. Justo cuando los esposos van a echarle montón por pervertido, la recepcionista sale en su defensa diciendo que él está ahí esperándola, pues sale con él. Ella es una enana que se enamora de un encantador Raymundo sin saber que él tiene una niña secuestrada en el sótano de su casa. Lo espeluznante es el modo en el que Liliana nos despliega la mente del perverso pedófilo.

La maravillosa vida breve de Óscar Wao
Junot Díaz

Esta fue una lectura de asignación en un curso magistralmente llevado por Alberto Acerete. Yo no conocía al dominicano ganador del Pullitzer por esta novela. Otra vez, es la historia de una familia dominicana transterrada en Nueva York, contada en los momentos de tres generaciones ―¿me sonó a Eleusis?, claro que sí, otra vez―, pero en un estilo ecléctico entre la intensidad de emociones extremas tan de la literatura estadounidense del siglo XX y la cultura pop, que avanza con paso firme en el terreno de la literatura, con un sabor incuestionablemente latinoamericano que ya no es el del realismo mágico.

Brújula
Mathias Énard

Definitivamente, la novela reina de 2017 entre mis lecturas. Gracias a la confianza que Rolando Ramírez puso en mí, tuve la feliz oportunidad de comenzar a colaborar en la Revista Lee+ y la página MásCultura, de Gandhi. Su tino providencial lo hizo asignarme esta deliciosa aventura de amor sobre Oriente, la arqueología, la musicología europea, la poesía y el tiempo. Mi reseña salió recién en el número de febrero (pág. 24) que puedes consultar dando clic aquí.

Si quieres ver mis lecturas actuales, pendientes, o inconclusas, visita mi perfil en Goodreads.

Y tú, ¿qué estás leyendo? ¿Ya leíste estas obras? ¿Qué te parecen?

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Para mí, de esto se trata ‘Ulises’ de Joyce

En 1922 James Joyce sacudió el mundo literario cuando publicó la que sería la novela más controversial y señera de su siglo. Se trataba de un mamotreto de técnicas muy diversas y dispuestas como en un capricho anárquico, a la vez homenaje e iconoclastia artística, cultural, histórica y social.
El título de la novela no orienta al lector que anda por la vida descuidado y confiado. Es una trampa ingeniosísima: Ulises, el nombre del héroe mítico de la Grecia arcaica, aquel ingenioso caudillo lleno de recursos y trucos, aquel predecesor primigenio de McGyver, Rambo y John McCaine, ése esposo añorante de casa que tarda diez años en la guerra de Troya y otros diez en volver a los brazos de su amada Penélope, pues tiene que sortear los obstáculos que dioses y brujas le imponen.
No desmenuzaré aquí el tratamiento, las técnicas y la brillantez de la ejecución en ese novelón. Es tarea de cada quien, creo yo. Lo que sí quisiera es compartir lo que parece haber sido mi descubrimiento sobre el quid del Ulises. Y si alguien me pidiera que le diga en poquísimas palabras de qué trata la novela yo le contestaría que del sufrimiento de Leopold Bloom, que a pesar de tener por esposa a una sexy y famosísima cantante, no tiene su corazón y cada día la pierde más.
Sí, eso es. Y de todo ese sufrimiento, lo que más atormenta a Bloom es la infidelidad de Molly. Ese dolor es infinitamente superior al causado por la muerte de Rudy, el pequeñito de ambos. En el siguiente fragmento, aunque está hablando del escándalo de infidelidad de un servidor público, es muy claro lo que está haciendo que Bloom viva un auténtico infierno:
Por otra parte lo que más le irritaba en su interior eran las desaforadas bromas de los cocheros y demás gente, que lo echaban todo a broma, riendo sin medida, fingiendo comprenderlo todo, el porqué y el para qué, y en realidad sin saber ni qué pensaban, tratándose de un asunto sólo para las dos partes interesadas a no ser que como resultado el legítimo marido llegara a estar al corriente de ello debido a alguna carta anónima del acostumbrado Fulanito que por casualidad se había tropezado con ellos en el momento crucial en posición amatoria enlazados el uno en brazos de la otra y que llamaba la atención sobre sus ilícitas actividades dando lugar a una tempestad doméstica con la bella extraviada pidiendo de rodillas el perdón de su dueño y señor y prometiendo cortar la relación y no recibir más sus visitas con tal de que el ofendido marido pasara por alto el asunto y dejara lo pasado pasado, con lágrimas en los ojos, aunque posiblemente al mismo tiempo con la lengua en la bella mejilla, ya que posiblemente habría varios otros.
Por supuesto, Molly no confiesa ni pide perdón.

¿Por qué estudié Letras Clásicas?

Abaratado como está todo por estos rumbos, yo sí me hago llamar filólogo: la filosofía me carga de mucha responsabilidad, la [tropical] filología que aprendí en mi carrera me da muchos permisos y me concede muchas libertades.

Lo que más me gusta de mi carrera es que definitivamente no es el centro de mi vida, ni la preocupación más grande de mi mente. Ni siquiera la docencia, que he ejercido desde que iba en cuarto semestre, se define en términos de mi licenciatura. Las letras clásicas (sí, así, con minúsculas) son el delicioso elíxir de mi vida: los clásicos son míos como lo fueron de los renacentistas. No son mi tierra prometida, sino la embarcación donde navego hacia mi Itaca, o mejor, desde mi Troya hacia Cartago y las playas de Italia. Son el incienso que perfuma mi encierro, el Apolo que ilumina mi razón y el Sileno que justifica mi embriaguez. Un día una profesora de Literatura Latina me quiso sermonear por mi “informalidad” y me habló de mis prioridades, y de que yo me debía en cuerpo y alma a mi carrera. La paré en seco y le dije que las Letras Clásicas eran mi carrera, pero de ningún modo definían mi vida. Mi vida es mucho más que Homero, Ovidio y Wilamowitz. En fin, Letras Clásicas (ahora sí, si quieres, con altas) es una religión iniciática ―¿les suenan los misterios eleusinos?―, no una carrera terminal (por mucho que haya doctorados y cátedras vitalicias).

Son mi Argos, mi nave en la que voy en pos del vellocino de oro.

Morir en el metro

No me gusta el metro. Tengo miedo de morir en un vagón en marcha, a mitad del recorrido entre dos estaciones. Desde que sufrí el infarto, tengo miedo de cualquier dolor, molestia o sensación que recorre o se instala en mi pecho, en mis hombros, en mi espalda, en mi diafragma, en mis brazos, y hasta cuando se me duermen los dedos comienzo a prepararme para lo peor.

Y me da miedo de que al comenzar a dar señales de que mi cuerpo está fuera de control, la gente se asuste. Sería terrible que, por el susto, ningún pasajero se comidiera siquiera a echarme aire con un periódico. Peor aún sería que, por el mismo susto, alguna voluntariosa y aprensiva alma caritativa tirase de la palanca de emergencia, haciendo que el convoy se frenara en seco, arrancando a ese gordo del tubo que agarra, y me cayera encima y, una vez que lo hayan levantado de mi humanidad entre risas, todos contemplaran el desencajado y rabioso gesto de mi agonía, eso sí: en una respetuosa y silenciosa perplejidad.

Cualquier escolar, con la intención, digamos limpia, de hallar mis datos de identificación, hurgaría con espasmódica violencia en mis bolsillos y mi portafolios, y sacaría todo: mis documentos, mi dinero, mis libros, mi teléfono, mi computadora, y quién sabe a dónde irían a parar mi trabajo, mis ideas, mis sueños, las fotos que le tomé a mi esposa en nuestras vacaciones al Caribe, donde posó desnuda y embragada; los videos que grabamos haciendo el amor. ¡Carajo! ¡El video que grabé cuando sorprendí al jefe dándose a la esposa del contralor! ¡Lo he estado guardando sólo para defenderme de alguno de los atropellos a los que habitualmente nos somete! ¿A dónde iría a parar todo eso? Mi argolla, mi reloj de veinte pesos que me regaló mi hijo en mi cumpleaños…

Y luego, ¿cuánto tiempo tardarían en levantarme de ahí? Si después de llamar a la Cruz Roja, al explicar lo sucedido, dijeran que es la Cruz Verde la instancia responsable de los moribundos… ¿Y si cuando, después de media hora, llegan los paramédicos, y por pura rutina me conectan y reaniman al menos para mantener mis signos en activo? ¿Y si todavía los estoy oyendo, pero permanezco incapaz de reprocharles su ineptitud a ellos, a os pasajeros su indiferencia, y a quien tiró de la palanca su estupidez? Me iría de este mundo tragándome el berrinche sin siquiera poder disfrutar de la película de mi vida que, muchos dicen, es como cuando uno se va quedando dormido en el cine…

Desde que me dio el infarto, tengo miedo de morir en el metro.

A partir de mañana me llevo el carro al trabajo. Así, si me muero, al menos la fotografía del choque saldrá al día siguiente en varios periódicos.

Del futuro: UNAM, año 2453

Mi alma mater, la UNAM, siempre pasa tiempos aciagos. El desprestigio, la inestabilidad, e incluso la fatalidad, son fantasmas con los que ha aprendido a vivir. Hace poco más de una década, la UNAM lanzó una convocatoria a un concurso: había que describir cómo sería nuestra universidad después de 450 años.

Yo escribí este pequeño borrador, pero nunca lo continué ni, mucho menos, lo envié. Pero hoy lo comparto con todos.

 

UNAM 2453

Habrán pasado 450 años más: unas cuatro disoluciones y otras tantas refundaciones, por ahí de doscientas huelgas de corta duración (de uno a tres años cada una) y dos paros largos; ciento cincuenta años de autonomía académica y dependencia gubernamental, cincuenta de una dictadura militar, treinta y cinco de República Neo-Revolucionaria y doscientos quince más de integración a la Magna Colombia.

Con la globalización ya consumada, habrán desaparecido todas las Universidades del mundo para dar paso al nuevo sistema de instrucción y capacitación: los Centros de Capacitación y de Investigación Especializada, cuyo precedente más ancestral serán los Institutos Tecnológicos.

La UNAM, sin embargo, siempre resistente al cambio político gradual, defensora de su tradición histórica (lo que signifique), logrará sobrevivir idéntica que en este 2003. Será la institución relicaria de la Magna Colombia, el museo más grande del mundo, estudiar en ella será un lujo particularmente común y generalizado, pero un lujo al fin, pues el mercado y el mundo estarán en un plano de competencia completamente diferente al de los estudios de la UNAM, y del cual el sistema económico de Latinoamérica (La Magna Colombia) estará separado por el tiempo, como las líneas que formando un ángulo agudísimo, se van separando irremediablemente al alejarse del vértice.

La República Mesoamericana (como se le conocerá entonces, parte de esa confederación que se llamará Magna Colombia) estará festejando 900 años de la única Universidad sobreviviente: un acontecimiento de interés universal: Representantes de las más importantes instituciones educativas del Tratado Global de Libre Transacción (WFT, en inglés, el sistema político-económico total) asistirán a la ceremonia de apertura del IX Centenario de la UNAM. Los mismos embajadores plenipotenciarios del WFT, judíos por defecto, acompañarán a los directores de todos los centros educativos del mundo, como la Biblioteca Científica, con sede en Oxford-Harvard; el Instituto de Capacitación (IC) de Diseño y Arquitectura, en Florencia; de Salzburgo, el Instituto de Reinvención y Conservación Musical; en Basilea, el IC Paleográfica y de Preservación de las Lenguas; de París, el IC de Psicología de las Masas, de la que saldrán los políticos, litigantes, profesores y conferencistas; el Centro de Estudios (CE) de Sociología de la Fe, de Madrid; el Centro de Investigaciones (CI) de Utilidad Histórica, de la Nueva Hélade (Grecia y Egipto); la Biblioteca Humanística, en Persia; en Palestina, el CI Genealógica, Genética y Etnográfica; el IC Ecológica de Panáfrica; el IC Biológica, Marina, Geológica y Sismológica, que operará en transatlánticos y submarinos; el Centro de Preservación Histórica, de Asia Central, con sede en Sri Lanka, el Centro de Descomposición y Reintegración Elemental, que ocupará todos los países Nórdicos; en el lejano oriente, desde Japón hasta Malasia, habrá mil quinientos Institutos de Tecnología Cotidiana; en China y Liberia, el CI extrasideral, mientras Moscú será la terminal de Transbordadores al CE Lunares, en la Luna y Marcianos, en el planeta rojo.

También asistirá el Comisionado en Jefe de la Reconstrucción del Territorio Nordamericano (USA, Canadá), y dará el discurso inaugural, anunciando con júbilo que el territorio que hará más de seiscientos años se “perdieran ante el extinto Coloso del Norte, será reintegrado a la Magna Colombia como parte de la República Mesoamericana”.

Los festejos serán importunados por estudiantes activistas que protestarán contra las autoridades del WFT, contra el influyentismo, contra la globalización…

Miseria laboral (Respuesta a convocatoria)

La estabilidad laboral es un preciado tesoro por el que se lucha, se sufre y se sangra todos loan días. Los empresarios sufren por sus cierres de negocios, los Godínez añoran la amplitud y la libertad de trabajar en sus propios intereses y los independientes sólo quieren que se les pague lo Justo y a tiempo.

Ayer por la mañana recibí un correo electrónico que hace referencia a una ocasión en la que envié  datos para ser considerado en una selección de personal.

Sin más preámbulo, aquí les comparto la imagen del mensaje.

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Todo un día medité en la miseria de la vida laboral: este mail sería considerado por muchos como una gran oportunidad.

Me decidí a responder, y comparto él mensaje que salió de mi indignada conciencia:

Apreciable C______:

Tienes que estar bromeando.

Lo que me enviaste es el mensaje de convocatoria más denigrante, insensible y prepotente. ¿De qué se trata? ¿Crees que soy un «mil-usos» hambreado que aceptaría lo mismo andar en la calle para coordinar demovendedores o lo que sea que signifique eso de MysteryShoper, o hacer edición profesional de videos para jefes y clientes que no saben leer informes e interpretar datos? ¿Y cualquiera de las dos nueve horas al día por $7,000 pesos? Sí fueran dólares pensaría lo de editor de video pero igual no soy el máximo experto en eso, yo trabajo con textos, por eso envié mi CV cuando se requería corrector de estilo? ¿Y para qué me presumes que aquello en lo que me postulé ya está cubierto? “Deja le digo a ver si quiere salir a visitar tiendas o editar video, en una de esas sabe preparar café”.
Y luego, es indispensable que viva por Polanco. ¿Te molestaste en leer mi CV? ¿Quieres que viva cerca para no llegar tarde? ¿En serio? ¿No quieres que llegue tarde a mi trabajo de nueve horas en la calle o editando en Premiere que me da siete mil al mes? Tantita madre, por favor. A lo mejor tú haces de estos mail todo el día por diez o doce horas y cobras $3000 pero debes saber que aunque seas feliz así NO está bien.
Y si no es así porque sí ganas bien, entonces qué miseria humana de tu parte.

¿Que si tengo el perfil? ¿Neta? ¿Por si me sigue interesando? Me interesaba colaborar haciendo lo que mejor sé hacer, no estoy para talachas con sueldos de risa. Si pediste CV tómate la molestia de leerlos; no sé: quizás te encuentres con el editor de gifs y el coordinador con alma de Testigo de Jehová que estás buscando entre ellos.

No, no me interesa. Y gracias por mostrarme cómo se administran los recursos humanos en modalidad hipster.

Adiós.

No espero quien aplaudan, pero sí siento desahogo al pensar que lo leerán.

No seguiremos informando.

 

Ramillete de citas favoritas

De mis lecturas, les comparto unos cuantos pasajes que me han impresionado de un modo muy grato sea porque me identifico con el sentir del autor expresado en esa frase o por la fuerza y el peso de la frase en sí. Gócenlas.

quæ popularem admirationem habuerunt, delectationem tibi nullam attulissent.

Cicerón

 

Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida.

Mario Vargas Llosa

 

If liberty means anything at all, it means the right to tell people what they do not want to hear.

George Orwell

 

L’arithmétique mène à la philologie, la philologie mène au crime.

Eugène Ionesco

 

Ζῆνα δέ τις προφρόνως ἐπινίκια κλάζων
τεύξεται φρενῶν τὸ πᾶν.

Esquilo

 

Candida nostra sæcula patres
videre procul fraude remota…

Séneca

 

Para aquellos que piensan que de la música seriamente hecha no se puede vivir: Tienen razón.

Carlos López Puccio
(Les Luthiers)

 

Les utopies apparaissent bien plus réalisables qu’on ne le croyait autrefois. Et nous nous trouvons actuellement devant une question bien autrement angoissante : comment éviter leur réalisation définitive ?… Les utopies sont réalisables. La vie marche vers les utopies. Et peut-être un siècle nouveau commence-t-il, un siècle où les intellectuels et la classe cultivée rêveront aux moyens d’éviter les utopies et de retourner à une société non utopique moins « parfaite » et plus libre.

Nicolas Berdiaeff

 

…leo y releo La Odisea; y como no sé griego, eso, de algún modo, es una ventaja, ya que me permite leer las muchas traducciones de La Odisea que hay… De modo que quizá convenga ignorar los idiomas, ya que, en ese caso, uno lee varias versiones de un libro. Ignorando idiomas, que es mi caso, en lo que se refiere al griego, al árabe, bueno, y a casi todos los idiomas del mundo, ya que lo que un hombre puede saber es muy poco.

Jorge Luis Borges.

 

Que nadie sea tan opulento para comprar a otro, ni tan pobre para venderse por necesidad.

[…]

[No diré el autor de esta última porque dejarán de tomarla con seriedad]